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La Producción Lechera en el Uruguay |
El Uruguay tiene una amplia frontera agropecuaria, con más del 80% de su superficie política con aptitud agropecuaria. El país es en esencia una gran pantalla verde de captación de energía solar que se transforman en una diversidad de productos agropecuarios sanos y naturales.
En esencia los lácteos uruguayos son energía solar transformada en bienes de consumo, obtenidos en un entorno natural y armónico donde los procesadores, nuestras vaca lecheras permanecen al aire libre todo el día, todos los días del año, en un alojamiento “mil estrellas”.
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La producción lechera es la segunda actividad pecuaria del país, luego de la carne. Su valor bruto de producción representaba aproximadamente el 24% del Producto Bruto Pecuario y casi un 12% del Producto Bruto Agropecuario total (DIEA, 1999).
En el último decenio la actividad lechera ha ocupado 1 millón de hectáreas aproximadamente, un 6% de la superficie total, con una producción total de 1.448 millones de litros en el año agrícola 2000/2001, de los cuales 1.132 millones fueron remitidos a plantas procesadoras.
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Entre 1977 y el año 2001, la producción total de leche nacional creció a razón de un 3,16% acumulativo anual, con un 5,85% de crecimiento de la leche remitida a plantas procesadoras, un 0,32% de crecimiento de la leche destinada al mercado de leche fluida para consumo doméstico y un 9,82% de crecimiento de la leche con destino a industrialización (DIEA, 2002). En términos geográficos, aproximadamente un 66% de las explotaciones lecheras, se ubican en los departamentos del sur: San José, Colonia, Florida, Canelones y Montevideo. Aproximadamente un 15% de los departamentos del litoral oeste, y el resto corresponden a explotaciones ubicadas en las cuencas desarrolladas en torno a los centros urbanos del resto del país.
Desde el año 1998, la casi totalidad de la leche es recogida y transportada a granel en camiones cisterna, previo enfriado a 4° C en tanques refrigerados en las unidades de producción.
En relación a la estructura de producción, el tamaño medio de los predios creció un 25% entre 1985 y 1999 (de 168 a 211 has respectivamente), en tanto que el número de productores se contrajo de 7.102 a 5.286 (34%) y la producción total se expandió de 937 a 1.434 millones de litros/año en el período.
Este crecimiento se ha logrado con un número decreciente de explotaciones pero con un área total dedicada al rubro constante y una moderada a alta incorporación de tecnología.
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El número total de cabezas de ganado lechero de pasa de 637 mil a 702 mil, y la relación vaca en ordeño/vaca masa de 0,58 a 0,65 en los ejercicios 91/92 y 97/98 respectivamente. Las vacas masa pasan de 382 a 393 mil, y la productividad por animal de 2.341 a 3.160 lt/vaca masa/año para este período.
También existe una gran variación con respecto a la eficiencia técnica de la producción primaria, debido al diferente grado de adopción de las tecnologías mejoradas disponibles. Así es que coexisten establecimientos con productividades inferiores a los 1.000 lt/ha/año, con otros que alcanzan niveles de desempeño del orden de los 3.000 lt/ha/año en forma sostenida y rentable, en base a una tecnología esencialmente pastoril, con una utilización limitada y estratégica de reservas forrajeras y concentrados.
Es interesante resaltar que si bien es notoria esta diferenciación en cuanto a nivel de intensificación de la producción, no es posible establecer diferencias tecnológicas en función de las distintas regiones agroeconómicas del país.
Por el contrario, dado un nivel tecnológico, evaluado por la productividad de leche por hectárea, las técnicas de producción usadas son muy similares en las distintas regiones. Aún en los establecimientos ganaderos o agrícolas con lechería no se identifica una propuesta de producción diferente, sino que por el contrario, se establece en los mismos un área para lechería, en la que se aplica una tecnología similar a la de un establecimiento lechero de similar nivel de intensificación.
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Principales Problemas de Producción |
El importante proceso de cambio ocurrido en la lechería uruguaya desde fines de la década de los '70 a la fecha, tuvo como soporte básico el incremento en la utilización de praderas cultivadas, lo que permitió se alcanzaran dos resultados fundamentales, de efecto directo en la eficiencia económica del rubro. En primer lugar el aumento en la cantidad y la calidad del alimento producido en el propio predio con repercusiones sobre dotación animal, productividad y desempeño reproductivo, y por otro, en la recuperación de la fertilidad del suelo, perdida por décadas de prácticas agrícolas inadecuadas.
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Hasta ahora el fuerte cambio operado en la lechería nacional ha tenido su base principal en la tecnología forrajera aplicada por el sector lechero, la que se puede tipificar como “agricultura forrajera”. Una restricción importante de éste esquema y que se traslada a los ‘90 es que el área total ocupada con praderas sembradas difícilmente puede superar en forma estable el 60% del área cultivable de cada predio, debido principalmente a una persistencia de las praderas cultivadas no mayor a los 4 años y a la necesidad de controlar malezas previo al inicio de un nuevo ciclo de praderas, lo que se logra mediante la incorporación de cultivos y pasturas anuales a la rotación, entre dos ciclos de praderas.
Sin embargo, la previsible expansión de la lechería a regiones ganaderas, donde no existe o es limitada el área de agricultura tradicional, demandan la necesidad de identificar las estrategias más adecuadas para aumentar la producción y calidad de las pasturas y hacer viable la lechería, contemplando la conservación de los recursos naturales.
Para regiones del país con experiencia en agricultura forrajera, los resultados de la experimentación conducida hasta el presente por el Programa Nacional de Bovinos para Leche demuestran que organizando la producción de pasturas en base a rotaciones forrajeras que tiendan a optimizar el uso del suelo, donde con siembra convencional o con uso de siembra directa, con ínter siembra y cultivos anuales de alta producción, se pueden obtener incrementos sustentables de la productividad de forraje y de leche, con la incorporación del uso estratégico del nitrógeno y los herbicidas.
Esta situación ha planteado de antemano un límite claro en cuanto a potencial de producción de pasturas y por ende de leche, para un número creciente de productores eficientes, que con muy buenos estándares de manejo, ya han alcanzado ese máximo de área bajo pradera.
Esta primera “barrera alimentaria” en base a praderas sembradas puede cuantificarse en el entorno de los 6.500 kg de materia seca por hectárea y por año en forma estable, o su equivalente en leche en niveles del orden de los 3.000 lt de leche por hectárea/año.
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El simple análisis de la tecnología previamente descrita puso claramente de manifiesto la importancia y la alta dependencia técnica y económica que tiene de las pasturas, el esquema de producción planteado.
Aquí la inclusión del ensilaje o henos entre los recursos de alimentación del predio supone algunos replanteos en cuanto a rotaciones pasturacultivos, la tecnología de siembra, la carga animal y la estrategia de utilización del ensilaje en combinación con las pasturas y los concentrados.
Posteriormente y ante las limitantes identificadas en esquemas de este tipo, en donde el uso de ensilaje constituye por períodos prolongados el 50% o más de la dieta total, se comenzó a trabajar en estrategias de utilización de concentrados con la finalidad de corregir estas situaciones.
Resultó claro además, que la disponibilidad de información sobre utilización simultánea de pasturas bajo pastoreo directo, forrajes conservados y concentrados es muy limitada por ser ésta una característica peculiar y típica de nuestros sistemas de producción casi en exclusividad.
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Este proceso de intensificación establece también demandas sobre otros aspectos vinculados a la producción como la necesidad de intensificación y mejora técnica y económica del proceso de recría, un alto grado de control del manejo reproductivo tanto de la recría como del rodeo en producción, así como la implementación de procesos racionales de deposición de los residuos del tambo (bosta, orina y residuos vegetales de los patios de alimentación) con la finalidad de reciclarlos de forma de promover en forma activa aspectos relativos a la estabilidad y sustentabilidad de estos sistemas más intensivos.
Adicionalmente, el crecimiento de la lechería nacional como un todo, y la consolidación del país como un exportador nato de productos lácteos enfatizó aspectos relativos a la aptitud industrial del producto leche y de su inocuidad alimentaria. Así se ha diseñado un plan de trabajo para abordar la temática de "calidad del producto leche" desde sus componentes mayores, calidad composicional o contenidos de sólidos de valor comercial del producto leche y calidad higiénico sanitaria de la producción.
http://www.inia.org.uy/investigacion/programas/produccion/bovinos_leche.html